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Castilla

El ciego sol se estrella
En las duras aristas de las armas,
Llena de luz los petos y espaldares
Y flamea en las puntas de las lanzas,
El ciego sol, la sed y la fatiga,
Por la terrible estepa castellana,
Al destierro, con doce de los suyos,
Polvo, sudor y hierro, el Cid cabalga.
Cerrado está el mesón a piedra y lodo.
Nadie responde
 Al pomo de la espada y al cuento de las picas
El postigo va a ceder...
¡Quema el sol, el aire abrasa!
A los terribles golpes de eco ronco,
Una voz pura, de plata y de cristal responde...
Hay una niña muy débil y muy blanca en el umbral,
Es toda ojos azules y en los ojos lágrimas.
Oro pálido nimba su carita curiosa y asustada.
Buen Cid, pasad...
El rey nos dará muerte, arruinará la casa,
Y sembrará de sal el pobre campo
Que mi padre trabaja...
Idos. El cielo os colme de venturas...
En nuestro mal, o Cid no ganáis nada
Calla la niña y llora sin gemido...
Un sollozo infantil cruza la escuadra
De feroces guerreros,
Y una voz inflexible grita -!En marcha!
El ciego sol, la sed y la fatiga.
Por la terrible estepa castellana,
Al desierto, con doce de los suyos
-polvo, sudor y hierro-, el Cid cabalga.

*****

Los almogávares: Desperta, ferro!

En 1245 los reyes de Aragón dieron por concluida la Reconquista. Habían llegado hasta Alicante, hasta el punto donde el río Segura se encuentra con el mar. A partir de ahí le tocaría a Castilla continuar la labor de recobrar la España perdida. El problema es que a los belicosos catalanes, aragoneses y valencianos de la época les quedaba cuerda para rato, y no estaban dispuestos a quedarse cruzados de brazos.

Abrevaron sus caballos en las aguas del Segura y pusieron sus ojos sobre el ancho mar que tenían enfrente: el Mediterráneo, un océano de oportunidades al alcance de su mano que, nobleza obliga, no iban a dejar escapar.

En la lejana Sicilia se estaba cociendo, allá por 1282, un asunto muy feo. Los partidarios del Papa, llamados güelfos, habían colocado en el trono de la isla a Carlos de Anjou, un insolente francés que había repartido el regalo entre su camarilla de amigos. El partido contrario, el de los gibelinos, conspiraba contra él, pero sus seguidores, como carecían de candidato, poco podían hacer, salvo emigrar o encerrarse en casa. En Aragón, el rey Pedro III estaba al tanto de la jugada, y cuando la cosa se puso imposible reclamó sus derechos dinásticos.

Naturalmente, la Casa de Barcelona, a la que pertenecía el monarca, nunca había tenido derechos sobre la isla, pero Pedro se había casado con una alemana, Constanza de Hohenstaufen, que sí que los tenía. Eso era suficiente para intervenir. Declaró la guerra a los usurpadores franceses y la ganó. Fue un paseo militar que le proporcionó insospechada fama y el bien merecido título de Pedro el Grande. Todo este episodio se conoce como las Vísperas Sicilianas, y fue el primer capítulo de la dilatadísima presencia española en el sur de Italia. Tan dilatada que se extendería durante cinco siglos.

El secreto de Pedro el Grande para conquistar Sicilia tan rápidamente fue un novedoso cuerpo de ejército traído de las guerras contra los moros en España y que se había demostrado invencible: las compañías de almogávares.

Los almogávares eran los soldados más bravos y temibles de su época. Eran tropas ligeras, normalmente de infantería, armados con lo justo pero que se movían con sorprendente agilidad en cualquier campo de batalla. Se agrupaban en compañías no muy numerosas, lideradas por un caudillo que las sometía a una disciplina férrea. O vencían o morían: no había término medio. Se les iba la vida en ello, y no sólo porque no daban cuartel en el combate, sino porque carecían de impedimenta: vivían de lo que saqueaban al vencido tras haberle aniquilado. Así de sencillo.

Provenían de las serranías ibéricas y de los valles del Pirineo, donde eran reclutados muy jóvenes, casi niños. La vida que llevaban era durísima: sometidos a mil privaciones, dormían al raso y comían un día sí y tres no. Vivían por y para la guerra.

No llevaban armadura, ni casco, ni siquiera la socorrida cota de malla, tan en boga en aquellos tiempos. Su equipo se limitaba a una lanza colgada al hombro, unos dardos o azconas –que lanzaban con tanta fuerza que eran capaces de atravesar los escudos del adversario– y un afilado chuzo, su arma más mortífera. Antes de entrar en combate golpeaban con fuerza el chuzo contra las piedras, hasta que saltaban chispas; entonces, cuando el sonido era ya ensordecedor, gritaban al unísono: "Desperta, ferro!", seguido de los más tradicionales "Aragó, Aragó!" o "Sant Jordi!", y se lanzaban sobre el enemigo como auténticos diablos. Estremecedor.

A los enemigos, según veían de lejos el dantesco espectáculo, se les helaba la sangre en las venas. Su destino estaba sentenciado. Y no era para menos. Los almogávares no tomaban prisioneros ni hacían distingos; mataban a todos y se jactaban de que, durante la batalla, su chuzo había pasado más tiempo dentro del cuerpo del adversario que fuera.

Tras la conquista de Sicilia, al heredero de Pedro el Grande, Federico III, empezó a incomodarle la presencia de los rudos almogávares, que no terminaban de acostumbrarse a vivir sin guerrear. Habían pasado unos años persiguiendo a los franceses por el reino de Nápoles, pero con la paz de Caltabellota la diversión se les acabó.

La fama que habían criado en Italia atravesaba las fronteras. Cuentan que, en cierta ocasión, un almogávar fue hecho prisionero por los franceses. El rey franco, intrigado por el romanticismo que envolvía a este cuerpo de españoles asilvestrados, lo mandó traer a su presencia. Para salvar su vida, le propuso una justa con su mejor caballero. Si salía vencedor podría volver con los suyos. El almogávar aceptó sin dudarlo. Sabía que iba a ganar.

El francés se presentó sobre su caballo, armado hasta los dientes y protegido por una coraza primorosamente labrada. El español midió la distancia y, antes de que pudiese reaccionar el jinete, alanceó al caballo hasta matarlo. El francés cayó rodando al suelo, donde el almogávar le esperaba chuzo en ristre. Ahí terminó la justa: el rey pidió al vencedor que perdonase la vida al infeliz caballero y el almogávar regresó a casa tan pimpante.

Con la aventura siciliana tocando a su fin, a los almogávares se les presentaba una dura disyuntiva: o se disolvían o encontraban una causa por la que matar y morir, que era casi lo único que sabían hacer. Ésta se les presentó de improviso. Andrónico II, el emperador de Bizancio, tenía a los turcos encima, a pocas jornadas de Constantinopla, amenazando el trono y la existencia misma del Imperio. Se puso en contacto con el caudillo de los almogávares sicilianos, Roger de Flor, un soldado de fortuna que, antes de recalar en la singular compañía aragonesa, había sido templario, cruzado en San Juan de Acre y pirata. Un genuino aventurero medieval.

De Flor aceptó la oferta y se dirigió, con 7.000 hombres, a Constantinopla. Sólo pidió dos cosas: que le dieran un título nobiliario y que le suministraran una esposa. El bizantino fue espléndido en ambos requerimientos: le hizo Megaduque (nada menos) y le dio la mano de una sobrina suya que vivía en Bulgaria. Cumplimentados los trámites, la Gran Compañía Catalana de Almogávares, o Societate Catallanorum, se dirigió al encuentro con el turco.

Las fuerzas eran desiguales: a cada español le tocaban dos turcos; pero los almogávares, fieles a su consigna de vencer o morir, al grito de "Desperta, ferro!" pusieron en desbandada al enemigo. Al que pudo, porque la degollina de este primer encuentro fue antológica: 13.000 muertos, todos los mayores de diez años, edad a la que Roger de Flor estimaba que un hombre podía blandir una espada.

Entregada su carta de presentación, levantaron el asedio sobre Filadelfia y Thira y persiguieron a los turcos, matándolos allí donde los encontraban.

En menos de un año, las tropas españolas llegadas de Sicilia habían dado la vuelta a la tortilla y se encontraban en el interior de Anatolia. Fue allí donde tuvo lugar la batalla más celebrada de los almogávares, la del monte Tauro: Roger de Flor y su senescal Berenguer de Rocafort, al frente de 7.000 españoles, plantaron cara a unos 40.000 turcos. La misma ceremonia al alba, los hierros despertando entre chispas y la horda colina abajo gritando como posesos los nombres de Aragón y su santo patrón. Los turcos salieron en estampida después, eso sí, de dejar 18.000 cadáveres en el campo de batalla. "Feren tal carnissería que era meravella", apuntaría años después Ramón Muntaner, uno de los integrantes de la expedición, en su Crónica de los Almogávares.

Corría el año 1304, y éste de los almogávares sería el último ejército cristiano en penetrar en el interior de Asia Menor, la actual Turquía. Hecho el trabajo, Roger de Flor y los suyos regresaron a Constantinopla. Tan impresionante había sido la victoria que el emperador le concedió un nuevo título, el de César.

Tanta generosidad con el forastero destapó el frasco de las intrigas palaciegas. Miguel, hijo del emperador, invitó a Roger de Flor y a sus generales a una cena en Adrianópolis. Tras el último plato, con alevosía y por sorpresa, los guardias alanos de la corte pasaron a cuchillo a los confiados catalanes, que, para más inri, estaban a esa hora algo bebidos.

Advertida la tropa de la traición bizantina, salió como una furia de su campamento en Galípoli y se dedicó durante días a arrasar pueblos y aldeas. Fue la llamada "venganza catalana", que arrojó casi tantas víctimas como las que los almogávares habían dejado en los campos de Anatolia. De ésta no se libraron ni los niños. Muntaner trata de justificar la salvajada apelando al honor: "Fue hecha tan gran venganza [...] pues valía más morir con honor que vivir en deshonra". Los españoles, siempre tan españoles.

Andrónico II, asustado por el cariz que habían tomado los acontecimientos, armó un ejército para neutralizar la amenaza. No sirvió de gran cosa. La compañía almogávar, crecida e iracunda, derrotó a los bizantinos. Para evitar la tentación de huir, metieron fuego a los barcos y se lanzaron, guiados por los dos Berengueres, el de Rocafort y el de Entença, al cuello de sus antiguos anfitriones, gritando, cómo no, "Desperta, ferro!". Muntaner asegura que mataron, ellos solitos, a 26.000 bizantinos; aunque ya sería alguno menos, que a los "cronistas en primera persona" siempre se les va la mano cuando se trata de contar sus hazañas.

Una vez reparada la ofensa, la compañía, visiblemente mermada por los combates, se dirigió hacia Grecia, saqueando a conciencia lo que encontraron a su paso, excepto los monasterios del monte Athos, que se salvaron gracias al ruego de Jaime II de Aragón. Lo cortés no quita lo valiente: serían crueles y sanguinarios, sí, pero también devotos y aficionados a oír misa antes de la batalla.

Muertos sus caudillos en las refriegas con los bizantinos, formaron un consejo de gobierno, el Consell de Dotze, y se pusieron al servicio de los barones francos que mandaban en el sur de Grecia desde tiempos de las Cruzadas. Uno de ellos, Gualterio de Brienne, volvió a traicionarles. Se le olvidó liquidar la soldada por los servicios prestados. En mala hora, porque el despiste lo pagó con su vida. En pocos años se adueñaron de los señoríos francos; pero no de cualquier manera, sino a su manera: asesinaron a los barones y se quedaron con sus haciendas, sus castillos y sus viudas para fundar dos ducados, los de Atenas y Neopatria, que perdurarían 80 años. Durante casi un siglo estos dos pedazos de Grecia se convirtieron en un apéndice lejano y semiolvidado de la Corona de Aragón.

Tras la caída de Atenas y la toma de Constantinopla por los turcos, en el siglo XV, la epopeya de los indomables almogávares fue cayendo en el olvido y su historia se transformó en leyenda. Habían luchado contra corriente, contra el signo de los tiempos, contra todo y contra todos, hasta contra sí mismos. Hoy nadie los reivindica; son, en cierto modo, incómodos recuerdos de una época de la que pocos quieren acordarse. Hasta en la muerte son temidos y respetados. Desperta, ferro!

*****

Compañeros, poco a poco vemos desaparecer de los libros, boletines militares y civiles, fachadas de los cuarteles…etc etc…cualquier mención que tenga que ver con los valores del amor a la patria, aquí para que lo puedan leer los nuevos aspirantes a soldados de cualquier cuerpo del ejército y para que sirva de recordatorio para muchos, he mecanografiado este escrito que es copia fiel del original.


Credos e Himnos Legionarios.

Aquí la más principal hazaña es obedecer
Y el modo como ha de ser es ni pedir ni rehusar.

Aquí, en fin, la cortesía,
el buen trato, la verdad,
la fineza, la lealtad,
el honor, la bizarría,
el crédito la opinión,
la consecuencia y la paciencia,
la humildad y la obediencia,
fama honor y vida son
caudal de pobres soldados,
que en buena o mala fortuna,
la milicia no es mas que una
religión de hombres honrados.


(Calderón De La Barca)

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Emblema de la Legión

Pica
Ballesta
Arcabuz


Armas de los tercios viejos, de los que heredamos sus virtudes

-El espíritu del legionario

Es único y sin igual, es de fiera y feroz acometividad, de buscar siempre acortar la distancia con el enemigo y llegar a la bayoneta.

-El espíritu de compañerismo

Con el sagrado juramento de no abandonar jamás a un hombre en el campo de batalla hasta perecer todos.

-El espíritu de amistad

De juramento entre cada dos hombres.

-El espíritu de unión y socorro

A la voz de ¡A MI LA LEGIÓN¡ sea donde sea, acudirán todos y con razón o sin ella defenderán al legionario que pida auxilio.

-El espíritu de marcha

Jamás un legionario dirá que está cansado basta caer reventado; será el cuerpo más veloz y resistente.

-El espíritu de sufrimiento y dureza

No se quejará de fatiga, ni de dolor, ni de hambre, ni de sed, ni de sueño, hará todos los trabajos, cavará, arrastrará cañones, carros, estará destacado, hará convoyes, trabajará en lo que le manden.

-El espíritu de acudir al fuego

La Legión, desde el hombre solo basta La Legión entera, acudirá siempre a donde oiga fuego, de día, de noche, siempre, siempre, aunque no tenga orden para ello.

-El espíritu de disciplina

Cumplirá su deber, obedecerá hasta morir.

-El espíritu de combate

La legión pedirá siempre, siempre combatir, sin turno, sin contar los días, ni los meses, ni los años.

-El espíritu de la muerte

El morir en el combate es el mayor honor. No se muere más que una vez. La muerte llega sin dolor y el morir no es tan horrible como parece. Lo mas horrible es morir siendo un cobarde.

-La bandera de La Legión

Será la mas gloriosa porque la teñirá la sangre de sus Legionarios.

-Todos los hombres legionarios son bravos

Cada nación tiene fama de bravura; aquí es preciso demostrar que pueblo es el mas valiente.

*****

CANCIÓN DEL LEGIONARIO

I

Soy valiente y leal legionario,
soy soldado de brava legión,
pesa en mi alma doliente calvario
que en el fuego busca redención.

mi divisa no conoce el miedo,
mi destino es tan solo sufrir,
mi bandera luchar con denuedo
hasta conseguir vencer o morir.

Legionario, legionario,
que te entregas a luchar
y al azar dejas tu suerte,
pues tu vida es un azar.

Legionario, legionario,
de bravura sin igual,
si en la guerra hallas la muerte,
tendrás siempre por sudario,
legionario,
la Bandera Nacional.


II

Somos héroes incógnitos todos
nadie aspire a saber quién soy yo,
mil tragedias de diversos modos,
el correr de la vida formó.

Cada uno será lo que quiera,
nada importa su vida anterior,
pero juntos formamos Bandera,
que da a la Legión el mas alto honor.

Legionario, legionario,
que te entregas a luchar
y al azar dejas tu suerte,
pues tu vida es un azar.

Legionario, legionario,
de bravura sin igual,
si en la guerra hallas la muerte,
tendrás siempre por sudario,
legionario,
la Bandera Nacional.

*****

El NOVIO DE LA MUERTE

I

Nadie en el Tercio sabía,
quién era aquél legionario,
tan audaz y temerario,
que en La Legión se alistó.

Nadie sabía su historia,
mas La Legión suponía,
que un gran dolor le mordía
como un lobo el corazón.

Mas si alguno quién era le preguntaba,
con dolor y dureza le contestaba.

Soy un hombre a quién la suerte,
hirió con zarpa de fiera,
soy un novio de la muerte
que va a unirse en brazo fuerte
con tal leal compañera.


II

Cuando más rudo era el fuego
y la pelea mas fiera,
defendiendo su Bandera,
el legionario avanzó.

Y sin temor al empuje,
del enemigo exaltado,
supo morir como un bravo
y la enseña rescató.

Y al regar con su sangre la tierra ardiente
murmuró el legionario con voz doliente.

Soy un hombre a quién la suerte,
hirió con zarpa de fiera,
soy un novio de la muerte
que va a unirse en brazo fuerte
con tal leal compañera.


III

Cuando al fin le recogieron,
entre su pecho encontraron,
una carta y un retrato,
de una divina mujer.

Y aquella carta decía,
si Dios un día te llama,
para mi un puesto reclama
que a buscarte pronto iré.

Y en el último beso que le enviaba,
su postrer despedida le consagraba.

Por ir a tu lado a verte,
mi más leal compañera,
me hice novio de la muerte´
la estreché con lazo fuerte
y su amor fue mi Bandera.

*****

HIMNO DE LOS LEGIONARIOS

I

Tercios heróicos, Legión valiente,
que en la vanguardia sabéis morir,
sois el orgullo de nuestra España,
vuestras hazañas el combatir.

Los que en España no habéis nacido
y sangre y vida dais en su honor
hijos de España sois predilectos
que habéis ganado su excelso amor.

¡Legionarios a luchar!
¡Legionarios a morir!
¡Legionarios a luchar!
¡Legionarios a morir!

¡Viva España! Valientes hermanos
¡Viva España! Legión inmortal
que es gran gloria morir por España
abrazados a sublime ideal.

Con la sangre que vierten tus hijos,
más frondoso el laurel brotará
del que haremos coronas que España
en sus sienes augustas pondrá.

¡Viva España!
¡Viva La Legión!


II

Ya surja ruda y feroz pelea,
o de la lucha cese el afán
notad que os cercan siempre amorosas
sutiles sombras que un beso os dan..

El pensamiento de España entera,
vedlo en el tenue fugaz rumor,
que nunca cesa de acariciaros
de vuestros pasos alrededor.

¡Legionarios a luchar!
¡Legionarios a morir!
¡Legionarios a luchar!
¡Legionarios a morir!

¡Viva España! Valientes hermanos
¡Viva España! Legión inmortal
que es gran gloria morir por España
abrazados a sublime ideal.

Con la sangre que vierten tus hijos,
más frondoso el laurel brotará
del que haremos coronas que España
en sus sienes augustas pondrá.

¡Viva España!
¡Viva La Legión!


III

Tercio invicto Legión de bravos
al mundo entero con altivez,
podéis mirarlo porque vosotros
del mundo entero sois honra y prez.

Donde el caído lloró angustiado,
donde un hermano la vida dio,
donde traiciones piden venganza
vuestra bravura siempre acudió.

¡Legionarios a luchar!
¡Legionarios a morir!
¡Legionarios a luchar!
¡Legionarios a morir!

¡Viva España! Valientes hermanos
¡Viva España! Legión inmortal
que es gran gloria morir por España
abrazados a sublime ideal.

Con la sangre que vierten tus hijos,
más frondoso el laurel brotará
del que haremos coronas que España
en sus sienes augustas pondrá.

¡Viva España!
¡Viva La Legión!

*****

LA MADELÓN

Vamos al frente vivos y ligeros
en la vanguardia que es puesto de honor,
a demostrar que somos los primeros
a demostrar el Tercio su valor.

Los legionarios son leales,
siempre dispuestos a morir,
ni las fatigas ni cien males
pueden hacernos desistir.

Y antes de abandonar
a uno sin compasión,
había de quedar
entera la Legión.

Nuestra Bandera es brava y decidida,
todos hermanos en el corazón,
que viva España sobre nuestra vida,
¡Viva España! y ¡Viva La Legión!.

En La Legión se lucha con gran saña,
es La Legión siempre fiel y leal,
que al combatir se inmola por España,
con bravura y coraje sin igual.

Es la Legión de los valientes,
es La legión de hombres de honor,
es La Legión que en los dos frentes,
ha demostrado su valor.

Avanza sin cesar,
sin temor a morir,
su vida es luchar,
su fin es combatir.

En La Legión son bravos y valientes,
en La legión se lucha con tesón,
siempre al luchar va sembrando la muerte
La Legión, La Legión, La Legión.

*****

CARACTERÍSTICAS DEL CLÁSICO SALUDO LEGIONARIO

Se llevará rápidamente la mano al gorro o teresiana; la mirada se dirigirá directamente a la del superior a quién se le saluda, con la expresión de una pronta e inteligente obediencia; se hará un marcado giro de cabeza hacia la persona a quién se rinde el saludo. A pié firme, no se bajará la mano hasta la repetida orden del superior, y cuando se una al costado se hará con la rapidez que da la fuerza del alma moza; si se está sentado se pondrá de pié instantáneamente, cuadrándose, saludando correctamente y siempre se le dará frente.

¡Legionario! ¡Saluda siempre, y siempre marcialmente.

Estas palabras han sido suprimidas del vocabulario de La Legión:

Forzoso, reclamación, murmuración, cansancio y cobardía.

Armas, hombres, terreno y espíritu militar, son los factores primordiales que juegan en una batalla.

Optimismo, decisión, constancia y amor al trabajo, son los que intervienen en la lucha por la vida.

Con la aplicación razonada de los primeros, se ganan las guerras; con la de los segundos se consigue el éxito y se gana la vida.

¡El miedo de ser cobarde es el miedo del valiente!

Ten en cuenta, Legionario, que para vencer hay que atacar, porque la tropa que ataca es la espada que hiere.

Adonde, por donde, como y cuando, son las preguntas que has de hacerte y contestar siempre, antes de moverte en el campo de batalla.

El Legionario no es un fuera de la ley, es un soldado, es, en su dedicación, un profesional cualificado.

Hay Legionarios porque hay hombres que no quieren, que no pueden ser otra cosa mas que soldados, como hay hombres que no quieren ser mas que músicos.

Hay veces que la muerte se asusta de los valientes.

Lo que hace al Héroe no es solo su muerte, sino también la causa por la que muere.

Mantén tu espíritu aunque te tachen de anticuado.

Contra la debilidad, contra el deseo de abandono, contra el peso mismo de tus pensamientos, blande tu espíritu y tu voluntad.

-Inclínate con devoción ante los Gloriosos Guiones de La Legión.

De estos Guiones se desprende una indefinible energía, un supremo deseo de sacrificarse por la Patria y todas las verdades castrenses.

-El valor y la audacia vence en la guerra.

La fortuna es compañera de ella.

-La Patria te exige todo lo que tiene, tu vida, tu entusiasmo militar y patriotismo.

Hay que darlo con nuestra clásica alegría legionaria, con nuestras canciones legionarias en los labios, alegre en la adversidad, contento en el sacrificio y en las penalidades…..

¡Esta es La Legión!.. Desprendimiento, alegría, valor, juventud, sentimientos nobles, lealtad, disciplina, optimismo, audacia….

¡Audacia!

-El ejército es un sacerdocio y como tal le repugna toda corrupción.

El que sostenga que un militar ha de ser por inercia mal hablado, pendenciero, jugador mujeriego y borracho, ¡Miente!

-La milicia es virilidad, honor y perfección, y en el vicio no hay mas que abulia, pérdida de dignidad y relajamiento de la disciplina. Donde hay vicio no hay hombre fuerte y donde no hay fortaleza ni salud, no hay soldado.

-El Legionario mantiene su fortaleza moral con la disciplina.

-El himno es la marcha nupcial del legionario cuando va a desposarse con la muerte.

-No hay mas que una vida, ni mayor sacrificio que darla; lo mas bello y noble es que sea por Dios y por La Patria.

-Mas quiero buscar la muerte, dando tres pasos adelante, que vivir un siglo dando un paso atrás.

-La disciplina es el orden; la organización y la justicia llevados a la práctica.

-Que tu comportamiento responda siempre a lo que eres: Un Caballero Español

-No olvides jamás esto Legionario: Por encima de nuestras pasiones, por encima de nuestros intereses, por encima de nuestras ambiciones hay un ideal: ¡ESPAÑA!

-En el ejercito no hay señor ni amo, hay solo jerarquía, por eso, cuando hables con un superior, no digas jamás: “si señor” o “no señor”; sino: “si mi Coronel”,”no mi Cabo”.

-El Ejército es vida, juventud y fortaleza, por eso todos los movimientos militares debes hacerlos con toda tu energía.

-No olvides jamás estos nombres: Millán Astray, Franco, Valenzuela, Yagüe, Suceso Terreros, Queija De La Vega.

-Hay que cantar siempre fuerte, muy fuerte, venciendo las inclemencias del tiempo con el entusiasmo de nuestras canciones; para cuando alguno que no nos conozca pregunte que pasa, le contesten los demás…..¿No lo oyes? ¡Que canta La Legión!

-¿Qué hay reveses materiales? No importa ¡Venceré!

-¿Qué hay reveses morales? No importa ¡Venceré?

-El General no importa, es el que manda; hay que obedecerle, La Legión está siempre a sus órdenes.

-¿Qué es el juego? El arte de perderlo todo menos la ilusión de ganar.

Nada relaja tanto la disciplina como el juego, porque se pierde, cuando se pierde la dignidad personal y el respeto al compañero.

-¡Legionario! Mucho agua al vino y a las mujeres de los campamentos, que así no se resentirá tu salud ni tu fortaleza.

-La Legión necesita hombres fuertes de cuerpo y alma y no enfermos.

-Tu forma de marchar por la calle será siempre marcial, no omitas un saludo a ningún superior, aunque este vaya vestido de paisano.

-Deja tu derecha al superior y haz siempre lo mismo con los ancianos y con las mujeres….¡Lo cortés no quita lo valiente!.

-Descúbrete en los lugares públicos: Cines, bares, oficinas públicas etc. Y no lo hagas nunca en los descubiertos ni en las terrazas exteriores de los bares.

-Cede tu asiento a los ancianos y a las mujeres en los vehículos públicos, y también por respeto a tus superiores.

-En aquellos actos que necesariamente has de estar reunido con tus compañeros, como por ejemplo en la comida, excédete en tu comportamiento para que sea correcto y demuestre educación.

-Educación: Si la posees consérvala, si careces de ella, con atención y buena voluntad, la adquirirás en corto plazo.

-Cuando hables con un superior, hazlo respetuosamente, pero háblale alto, cuádrate bien y exprésate cortésmente como lo exige tu corrección militar y tu educación de Caballero. No te importe pedir así que el superior viendo tu manera de presentarte, no puede negarte nada. Pero por si acaso, no le pidas más que unas sobras de adelanto.

-Procura no fumar cuando transites por la calle.

-Los bolsillos de tu uniforme son solo para meter objetos de tu uso diario. El militar jamás llevará las manos metidas en ellos.

-No poner jamás en duda el éxito de la empresa, el Legionario siempre vence.

-Cabeza alta, mirada recta y noble, pecho y corazón abiertos, paso largo, decidido y pisada fuerte.

-Cuerpo y espíritu sanos; He aquí las normas constantes de tu conducta.

-LEGIONARIO, cuando en las noches claras cuentes las estrellas del cielo, ten presente que su número no supera al de héroes legionarios que con su muerte en el combate, alcanzaron la gloria del guerrero.

-Pertenecientes a estas Banderas, fueron condecorados individualmente:

11 Jefes y Oficiales con Laureadas individuales.
1 Suboficial con Laureada individual.
46 Jefes y Oficiales con Medalla Militar individual.
11 Suboficiales con Medalla Militar individual.

LEGIONARIO: ¡Como un tatuaje en tu alma!

-No olvides que el total de bajas de La Legión, en acciones de guerra, han sido:

9.665 Muertos
35.027 Heridos
777 Desaparecidos
45.469 Total de bajas que hablan claramente de combates y victorias.


*****

La Legión es esencia de la infantería

HIMNO DE INFANTERÍA

Ardor guerrero vibra en nuestras voces
y de amor patrio henchido el corazón,
entonemos el himno Sacrosanto
del deber, de la Patria y del honor

¡HONOR!

De los que amor y vida te consagran
escucha España la canción guerrera,
canción que brota de almas que son tuyas
de labios que han besado tu Bandera,
de pechos que esperaros anhelantes,
besar la Cruz aquella
que formaban la enseña de la Patria
y el arma con que habían de defenderla.

Nuestro anhelo es tu grandeza,
que seas noble y fuerte;
nuestro anhelo es tu grandeza,
que seas noble y fuerte.

Y por verte temida y honrada
contentos tus hijos irán a la muerte
y por verte temida y honrada
contentos tus hijos irán a la muerte.

Si al caer en lucha fiera,
ven flotar;
victoriosa su Bandera
ante esta visión postrera
orgullosos morirán.

Y la Patria al que su vida,
le entregó;
en la frente dolorida
le devuelve agradecida
el beso que recibió.

El esplendor y gloria de otros días,
tu celestial figura a de envolver
pues aún te queda la fiel Infantería
que por saber morir sabrá vencer.

Y volverán tus hijos, ansiosos al combate,
tu nombre invocarán,
y la sangre enemiga en tus espadas
y la española sangre derramada,
tu nombre y tus hazañas cantarán.

Y estos de la Academia Toledana
sienten que se apodera de sus pechos
con la épica nobleza castellana
y el ansia altiva de los nobles hechos,
te prometen ser fieles a tu historia
y dignos de tu honor y de tu gloria.

*****

Homenaje a la infantería.

A pie y sin un ochavo en los bolsillos, calados hasta los huesos y con el estomago frío; en la vista una nube de hielo y en el dedo que oprime el gatillo un sabañón.

El día 8 de Diciembre hace frío, mucho frío, pero nunca bastante para frenar a la Infantería, que con un trajecito de dril, derrite la nieve de los montes y la escarcha de los ríos difíciles y el hielo que oprime los corazones en desgracia.

Ningún oficio mas bonito que el de capitán de infantería, artesano del valor heroico, orfebre del valor estoico, que va a pie donde lo mandan con sus hombres detrás, y que a veces se queda en el camino con una bala -¡Con que facilidad, Dios mío!- que le para los pulsos del corazón.

La guerra no es triste, porque levanta las almas. La guerra no es triste porque nos enseña que fuera de la Bandera, nada, ni aún la vida, importa.

La Infantería es la guerra a pie firme, la guerra cara a cara, la vida jugada a cara y cruz de la victoria y la muerte. La infantería es la guerra a cuerpo limpio, y el infante lidiador que lleva el espíritu armado de un estoque de fuego, como un arcángel de estrellas en la bocamanga.

La Infantería no es la materia, es el ligero y tenue soplo que vivifica.

La Infantería no es la masa, es la compañía.

La Infantería no es, a veces, ni el concierto; es siempre la canción arrebatada del solitario centinela, que canta para que el Cabo de Guardia sepa que esta vivo.
Quien no haya sido soldado de Infantería quizá ignore que cuando el hombre se cansa, aún le faltan muchas horas y muchas leguas para cansarse. Porque el secreto de la Infantería, (nosotros estamos hablando naturalmente de la Infantería Española, la de las cornetas en el cuello de la guerrera ) es el de sacar fuerzas de flaqueza y hacer de tripas corazón. Que nunca mas noble fin tuvieron, ni nada mejor pudieron servir.
Quien no haya sido soldado de Infantería que cuando el hombre se lanza, cuando al hombre se le calienta la sangre, lo mas difícil es pararlo y enfriarlo. Porque el otro secreto de la Infantería es el de calentar el aire con la mirada y darse cuenta de que la batalla terminó cuando el soldado crema que estaba empezando. Que nunca mejores temples se conocieron ni en más gallardo menester se emplearon.
Quien no haya sido soldado de Infantería quizás ignore lo que es sentirse amo del mundo a pie y sin dinero.
A pie paseamos por donde quisimos, porque el que no va a pie, no se entera y os lo dice un vagabundo. Y sin dinero izamos nuestra Bandera donde nos dio la gana y donde nos mandaron, porque la victoria no es algo que se compra sino que se conquista y os lo dice un pobre.
Ningún oficio mas bello que el de infante, que lleva su casa a cuestas como el caracol y se pelea porque no admite jaques; como el león y como el gallo y como el toro. Sin medir las fuerzas ( que no fuera noble presentar las batallas ganadas ) y sin mirar atrás porque detrás no hay nada, absolutamente nada.
Con el frío del 8 de Diciembre se calienta nuestro corazón al pensar, como a una novia a la que quisiésemos, en la Infantería.
Resuenan pífanos marciales y aún nupciales en la última y más profunda revuelta de nuestros oídos y aún se estremece, gracias a Dios, ese ultimo nervio que en los cuerpos de los bien nacidos se guarda, como oro en paño, para que vibre en las ocasiones solemnes.

Camilo José Cela.
Artillero de segunda.

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BRIGADA DE INFANTERÍA LIGERA PARACAIDISTA "ALMOGÁVARES" VI

Con fecha de 17 de Octubre de 1.953, se crea , mediante una orden del entonces Ministro del Ejército D. Agustín Muñoz Grandes la que sería la Primera Bandera Paracaidista , que recibió el nombre de "Roger de Flor", ubicándose en la plaza de Alcalá de Henares. Sus componentes, recibieron el título de Caballeros Legionarios Paracaidistas por ser los herederos de las tradiciones de la Legión Española.

El 23 de Febrero de 1.954 se realiza el primer salto desde avión en la Escuela Militar de Paracaidistas que el Ejército del Aire tiene en Alcantarilla (Murcia). Esta fecha se conmemora todos los años como Aniversario de las Fuerzas Paracaidistas del Ejército de Tierra.

En Enero de 1.956 se crea la Agrupación de Banderas Paracaidistas en la que se integrarían la Planas Mayores de Mando y Administrativa, la Compañía de Plana Mayor , la Sección de Transmisiones y dos Banderas Paracaidistas. Nace así la Segunda Bandera , que recibe el nombre de "Roger de Lauria".

El 8 de Julio de 1.960, se crea la Tercera Bandera que es bautizada con el nombre de "Ortiz de Zárate" en recuerdo del Teniente muerto heroicamente en Ifni.

En Febrero de 1.965, y como consecuencia de la reorganización del Ejército, es creada la Brigada Paracaidista , integrándose en ella los apoyos necesarios de Artillería, Ingenieros y Servicios Logísticos

En 1.971 se crea en Javalí Nuevo (Murcia) , el Batallón de Instrucción Paracaidista.

Su bautismo de fuego se produjo el 16 de Agosto de 1.957 en Tiquisit Igurramen (Sidi Ifni)

ORGANIZACIÓN

La BRIPAC se organiza en:

Mando y Cuartel General
Batallón de Cuartel General con:
Compañía de Plana Mayor
Compañía de Servicios
Compañía de Defensa Contra-Carro
Unidad de Transmisiones
Unidad de Inteligencia
Bandera "Roger de Flor" I de Paracaidistas
Bandera "Roger de Lauria" II de Paracaidistas
Bandera "Ortiz de Zárate" III de Paracaidistas
Grupo de Artillería de Campaña Paracaidista
Unidad de Zapadores Paracaidistas
Grupo Logístico Paracaidista
Grupo de Lanzamiento Paracaidista
Batallón de Instrucción Paracaidista

En Ifni se abrió el libro de tu historia,
no escatimes tu sangre para escribir en el páginas de gloria.

La vida se defiende luchando,la muerte es el mayor premio para el valiente y el peor castigo para el cobarde.

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GRITOS PARACAIDISTAS

SOBRE NOSOTROS - ¡Dios!

CON NOSOTROS - ¡La victoria!

EN NOSOTROS - ¡El honor!

¡Triunfar o Morir!

¡Desperta Ferro!

CAÍDOS PARACAIDISTAS - ¡Con nosotros!

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IDEARIO PARACAIDISTA

VALOR Y HUMILDAD

Seré bravo y fiero como el león en el campo de batalla,
pero nunca se sabrá de mis hazañas por mis propios labios.

ESPÍRITU DE EQUIPO

El valor individual supone mucho,
el valor colectivo y el espíritu de equipo lo pueden todo.

COMPAÑERISMO

Ayudaré a los débiles, me alegraré de los éxitos de mis compañeros y no envidiaré a nadie.
Procuraré superarlos por mis propios medios.

VOLUNTARIEDAD

Seré voluntario para cualquier sacrificio,
loa puestos de mayor riesgo y fatiga son los puestos de mayor honor.

ESPÍRITU DE SUPERACIÓN

Ningún obstáculo será tan grande que no pueda superarlo.
Cuando mayor sea la dificultad y más imprevista la situación más me superaré y mejor cumpliré la misión.
Haré los servicios de armas como si delante tuviese al enemigo.

ESPIRITU DE TRABAJO

Trabajaré, haré lo que se me mande.
Cuando nadie me pueda mandar haría aquello que me mandaran mis jefes si pudiesen hacerlo.

EL CUMPLIMIENTO DEL DEBER

Cumpliré con mi deber y no esperaré el juicio de los hombres.
Cuando mis superiores no me vean ni me vigilen cumpliré aún mejor que en su presencia.

LA MISION

Por encima de todo esta la misión.
El calor, el frío, el hambre, el sueño y el cansancio, para mí serán estimulantes. 

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HIMNO PARACAIDISTA

Ya truena en los albores...
el toque del clarín
y en mil pechos se enciende
la luz del frenesí

Ya ruge en los halcones
sus ansias de volar
y en mil "sedas" al viento
jalonan su pasar.

¡En marcha!... Paracaidista
que tienes hambre de gloria
¡tu temple!... Arrojo y vista
preludian fe en la victoria.

Los campos, riscos y peñas...
admiran tu vocación
y al fondo España entera
¡paracaidista! vela tu misión.

¡Las tropas! ...Paracaidistas
del Ejército de Tierra
¡Marciales! son en revista
orgullo de su Bandera

En Ifni abren su Historia
con sangre de la mejor
¡pues siempre! Son en vanguardia
de toda España digno defensor

¡Lucharé! lucharé por conseguir...
por que la Patria sea Grande y Fuerte
¡Cumpliré! cumpliré con mi deber...
por que la Patria ¡todo lo merece!

y si ten... y si tengo que morir
yo moriré dando cara a la muerte
¡Por la Patria! ¡Sangre y fuego!
Adelante con furia febril

¡Por España! ¡Desperta ferro!
es mi lema triunfar o morir.

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MARCHA DE LOS PARACAIDISTAS

Ya está aquí la Legión de España
a luchar por la gloria de su sueño
ya está aquí, voy por tí España
a vencer o morir ganando el cielo.

Soy Quijote de Dulcinea
de ojos negros y raza hispana.
Es la luz de tu sol que relumbra
al fin con mi amor.

Un, dos, tres a formar legión del honor
que nos llama el cornetín.
Con pasión ya estoy presto aquí
cabalgar, cabalgar nubes de sol.

Un, dos, tres a formar legión del honor
que la Patria busca en mí
con amor razón de vivir
vivirá te lo juro yo.

Ya está aquí la Legión de España
a luchar por la gloria de su sueño
ya está aquí, voy por tí España
a caer o vencer por tí.

Somos vanguardia del aire
otros de la tierra o mar.
Por delante de nosotros
nadie para morir o luchar

Vamos a formar.
Vamos a luchar.
Abre el corazón.
A mí la Legión

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TOQUE DE ORACIÓN

Lo demandó el honor y obedecieron,
los requirió el deber y lo acataron ,
con su sangre, la empresa rubricaron,
con su esfuerzo, la Patria redimieron.

Fueron grandes y fuertes porque fueron
fieles al juramento que empeñaron.
Por eso, como valientes lucharon.
Por eso, como mártires murieron.

Inmolarse por Dios fue su destino,
salvar a España, su pasión entera,
servir en el Ejército, su vocación y sino.

No pudieron querer a otra Bandera,
no quisieron andar otro camino,
no supieron morir de otra manera.

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"Traslado al Sahara de la Primera Bandera de la BRIPAC
Septiembre de 1975

Hace treinta años.

Los recuerdos de hace treinta años respecto a mi viaje al Sahara Español, comienzan como sigue a continuación:
Salimos del cuartel sobre las seis de la tarde y subimos al tren, nos pusimos en marcha y llegamos a Cádiz al otro día 10 de Septiembre de 1975, sobre las siete de la mañana que descendimos del los vagones y luego de formar varias veces nos dejaron libres hasta las 11.30, nos formaron y mas tarde nos pusimos a comer en unas mesas que habían improvisado en la estación.
Después de comer subimos al barco, el buque carguero Aragón y nos destinaron a nuestras literas en los compartimentos de carga, que eran tan grandes que cabíamos dos compañías. Yo dormí en el sexto piso o sea la litera más alta, dichos compartimentos se llamaban sollados, el mío estaba bajando dos plantas, prácticamente yo dormía bajo el agua.
A mi como estaba constipado me rebajaron a cama el día 11, esa misma mañana nos levantaron a las ocho y aunque la mar estaba muy revuelta el barco se movía muy poco, sin embargo muchos fueron los que se marearon y soltaron la papilla, tanto nosotros como los marineros.
Llegamos por fin a la costa del Sahara el día 14 por la mañana y desembarcamos bajando por unas redes hasta las barcazas que nos esperaban bajo las cuales nos llevaron a la orilla ya que allí no había puerto, sino un puente muy largo y alto que penetra en el mar para que puedan llegar hasta el los barcos.
La llegada fue sobre las 5 de la mañana y el desembarco se fue retrasando hasta las 7.30 de la tarde que me tocó a mi el turno, pero no llegamos al campamento hasta las 12.30 de la noche porque nos tocó desembarcar un montón de cajones y bultos y luego estuvimos esperando a los camiones que nos llevaron al campamento (BIR 1) que estaba a unos kilómetros del sitio de desembarco, el cuartel se encontraba a la orilla de la playa y es por eso que siempre estaba soplando el viento y no nos dejó en paz desde que llegamos, y según dicen los soldados que encontramos aquí, no para nunca como pudimos comprobar mas adelante. Y respecto al sol ya os podéis imaginar aquí en el desierto del Sahara. La parte del campamento donde nos pusieron costaba de unos barracones de madera…………………………………
Así termina la anotación de mi viaje al Sahara, que escribí en papeles sueltos cuando comenzamos la aventura.
Lo que ocurrió allí es otra historia…………………..aunque me quedó grabado un hecho muy importante para mi entender; la visita del Príncipe de España para dar valor a la tropa un mes antes del desenlace, pero desgraciadamente un gobierno débil tras la muerte de su Caudillo, trajo como consecuencia que tuviésemos que abandonar el territorio aún a pesar del pueblo saharaui.
La narración de otro papelote encontrado en el baúl de los recuerdos continúa así: Embarcamos en el Aragón el día 6 de Diciembre de 1975 de igual manera que hicimos cuando vinimos al Sahara, pero esta vez mas contentos porque sabemos que en unos días estaremos otra vez en nuestra querida península, ya nos han dado a cada uno nuestra litera en el sollado, pero antes de esto nos hemos pasado todo el día cargando bultos y cajas al barco.
Día 7, seguimos embarcados pero aún no hemos emprendido el viaje, el día lo hemos empleado a terminar de cargar bultos y vehículos.
Día 8, hemos emprendido el viaje y todo sin novedad………………………….la comida bastante buena y el tabaco a precio franco, la vida en el barco para nosotras es diferente, se me saltan las lagrimas cuando oigo cantar la Salve marinera ……………
Día 10, llegamos a puerto sin novedad sobre las cuatro de la tarde y sobre las 6h nos han dejado salir de paseo con el traje de instrucción, luego volvimos a dormir al barco pero toda la noche nos estuvimos turnando para desembarcar los bultos.
Día 11, nos han llevado a un cuartel en Cádiz donde hemos comido y nos han dado salida hasta las 6h de la tarde, “en estos momentos no tengo ni una peseta”, subimos al tren sobre las 10h de la noche, ya nos encaminamos para una mili normal………………
Así termina mi relato del viaje al Sahara donde creí que me quedaría a terminar la mili pero no fue así; siempre recordaré este corto viaje.

Firmado: CLP Galdón.
¡Enérgico saludo paracaidista!

*****

ORACIÓN PARACAIDISTA

¡ SEÑOR DIOS Y JEFE NUESTRO!
Ante el puesto difícil
que elegimos voluntariamente,
venimos a Ti.
Porque, queremos ser
el mejor soldado de la Patria;
porque tenemos sentido del riesgo,
cara a la muerte.
Porque nos sacude el alma,
ante un abismo abierto
con su ingrata incertidumbre.

¡ Te pedimos Señor!

Luz para proyectarla
sobre el auténtico valor de la vida,
cuando se gane o se pierda
en aras del deber.

Serenidad que sujete nuestros ánimos
ante el vértigo del instinto y del mundo;

Optimismo espiritual
para conseguir que sean nuestros
el Valor,
Amor al sacrificio,
Dureza,
Fortaleza,
Generosidad
y auténtico Compañerismo.

Y esperanza en que Tú,
Dios Padre,
Creador de todas las cosas,
estés en el aire y en el suelo,
para abrazarnos,
curar la herida,
o recoger nuestra alma.

Así sea.

 *****

ORACIÓN DEL PARACAIDISTA FRANCÉS

Dadme, Señor mi Dios, lo que os resta;
Aquello que jamás nadie os pide.
No os pido el reposo ni la tranquilidad;
Ni del alma ni del cuerpo:
No os pido la riqueza, ni el éxito, ni siquiera la salud;
Tantos os piden esto, mi Dios.
Que ya no os debe quedar para dar.
Dadme, Señor, lo que os resta
Dadme aquello que todos los demás rechazan,

Quiero la inseguridad y la inquietud,
Quiero la fatiga y la tormenta
Dadme esto, mi Dios, definitivamente;
Dadme la certeza de que esa será mi parte para siempre
Porque no siempre tendré el coraje de volver a pedírosla,
Dame Señor, lo que os resta.
Dadme aquello que los demás no quieren
Pero dadme, también, el coraje
La fuerza y la Fe.

*****

Gibraltar

 “Gibraltar formaba parte del territorio hispánico desde la época de la colonización romana, nunca había dejado de estar sometido a entidades políticas españolas. En términos cronológicos, distintas instituciones políticas hispánicas dominarían la plaza por un período de tiempo hasta ocho veces superior al de la existencia de la colonia británica”

Los orígenes del contencioso

En 1704, España se hallaba desgarrada por una terrible guerra civil. El final de la dinastía de los Austrias en la figura de Carlos II el Hechizado había abierto un proceso sucesorio que, en puro derecho, tenía que haber comenzado y concluido con el entronizamiento de Felipe de Borbón como rey de España. Sin embargo, el temor a una alianza franco-española provocó de manera inmediata una reacción internacional y la aparición de un candidato alternativo en la persona del archiduque Carlos de Austria. Apoyaban a éste Holanda, el imperio y, muy especialmente, Inglaterra, que bajo ningún concepto deseaba la existencia de una potencia fuerte en el continente. El 4 de agosto del citado año, la ciudad, castillo y fortaleza de Gibraltar fueron objeto de un ataque llevado a cabo por una fuerza combinada anglo-holandesa. Gibraltar, como la casi totalidad de España, había ya prestado obediencia a Felipe V de Borbón y, de manera lógica, decidió resistir al ataque de unas tropas que representaban los intereses del archiduque Carlos. La resistencia estaba condenada al fracaso dada la superioridad del enemigo y, finalmente, vecinos y guarnición terminaron por rendirse.

A la sazón, el territorio de Gibraltar comprendía la comarca costera de la bahía de Algeciras y con su ciudad de más de cinco mil habitantes era la capital de una zona extensa superior a alguna provincia española. La acción, en teoría, no debía haber tenido mayor trascendencia en la medida en que, como ya queda dicho, ingleses y holandeses eran aliados de un aspirante al trono español y sólo tomaban posiciones en territorio de la nación española. Lamentablemente, el almirante inglés Rooke decidió pasar por alto reglas tan elementales y mediante un acto que sólo puede ser calificado como piratería tomó posesión de la plaza no en nombre del archiduque Carlos sino de la reina inglesa Ana. La edición de 1879 de la Encyclopedia Britannica, volumen 10, página 586, no se recataba de señalar lo taimado de semejante acción atribuyendo el acto llevado a cabo por Rooke a su propia responsabilidad (his own responsibility) y añadía que, desde luego, había ido en contra del honor de Inglaterra el que hubiera sancionado y ratificado una ocupación desprovista de principios como aquélla. El comportamiento de Rooke, por seguir el texto de la Britannica, había sido el de un patriotismo carente de escrúpulos (unscrupulous patriotism) y por ello no resultaba extraño que los españoles hubieran sentido profundamente la injusticia perpetrada contra ellos.

Desgraciadamente, aquel episodio sólo iba a ser el inicio de una larga cadena de abusos ingleses. Desde luego, no resulta extraño que Felipe V intentara reconquistar la plaza, ya en septiembre de 1704, y que se irritara profundamente cuando le recordaran la villanía inglesa. Con el paso del tiempo, el monarca caería en un lamentable desarreglo mental –al que me he referido en alguno de mis libros– pero en lo que se refiere al tema de Gibraltar hay que insistir en que estaba cargado de razón. A fin de cuentas, Gibraltar formaba parte del territorio hispánico desde la época de la colonización romana, nunca había dejado de estar sometido a entidades políticas españolas –cristianas o islámicas– e incluso míticamente se asociaba con la fundación de España por el mismo Hércules. En términos cronológicos, distintas instituciones políticas hispánicas dominarían la plaza por un período de tiempo hasta ocho veces superior al de la existencia de la colonia británica. De hecho, cuando el Tratado de Utrecht puso fin a la guerra de Sucesión y en su artículo décimo se recogió la ocupación de Gibraltar por Inglaterra, España se guardó muy mucho de aceptar la legitimidad de aquel acto. La cesión quedó por añadidura condicionada a la supresión del comercio entre la plaza y el territorio vecino, a la prohibición de residencia en Gibraltar de determinadas personas para garantizar la seguridad española y al respeto por parte de Inglaterra del culto católico en la plaza. Finalmente, el texto incluía una cláusula resolutiva de la crisis en la que se afirmaba que si en algún tiempo Gran Bretaña decidía “dar, vender o enajenar” Gibraltar se daría “a la Corona de España la primera acción antes que a otros para redimirla”. A partir de ese momento, España intentaría vez tras vez recuperar un territorio propio y Gran Bretaña mantener la colonia.

Los abusos cometidos por esta potencia fueron, como ya hemos indicado, no escasos. Por ejemplo, en las negociaciones preliminares al Tratado de Madrid de 13 de junio de 1721 se planteó como condición previa la devolución de Gibraltar a España. El ministro inglés en Madrid, William Stanhope, y el secretario de Estado español, marqués de Grimaldi, se comprometieron así a que el tratado no sería ratificado mientras Jorge I de Inglaterra no comunicara la restitución de Gibraltar. El 1 de junio, Jorge I envió la carta en cuestión pero una vez que el 5 de julio del mismo año España ratificó el tratado, el monarca inglés faltó a su palabra.

Las promesas británicas volvieron a repetirse en ocasiones en que Gran Bretaña se vio amenazada por un enemigo más poderoso que España pero siempre para quedar en nada. Por si fuera poco, Inglaterra fue sumando a sus desafueros diplomáticos una larga lista de incumplimientos del Tratado de Utrecht desde el mismo siglo XVIII cuya simple exposición sería material para una docena de artículos como el presente. Así, nada más firmarse el acuerdo, las tropas inglesas procedieron a ocupar militarmente la Torre del Diablo a Levante y el Molino a Poniente, no incluidos en el mismo. El 19 de agosto de 1723, William Stanhope sostenía con evidente descaro que Inglaterra tenía derecho a ampliar el terreno cedido por el tratado de Utrecht a “todo el terreno cubierto por la artillería de la Plaza”, aunque reconocía que tal extremo no estaba contemplado en el texto firmado por ambas naciones. En 1815, por ejemplo, una epidemia de fiebre amarilla diezmó a los ingleses de Gibraltar. España ofreció entonces generosa ayuda humanitaria a los británicos y éstos aprovecharon la situación para apoderarse de nuevos territorios españoles en la zona. En 1854, las autoridades británicas volverían a utilizar una ocasión similar –la generosa ayuda española prestada con ocasión de una epidemia– para repetir su proceso expansivo. En 1908, en claro antecedente del Muro de la vergüenza berlinés, el gobierno británico levantó incluso una verja de hierro que separaba físicamente a España de una colonia gibraltareña que no había dejado de crecer territorialmente en las últimas décadas.

A esas alturas, los ingleses eran más que conscientes de que su colonia era incapaz de automantenerse –a diferencia de otras bajo pabellón británico– y reconocían que Gibraltar sobrevivía gracias a actividades ilegales como el contrabando. El 25 de agosto de 1841, por ejemplo, Lord Palmerston, en una bochornosa nota enviada a la legación española en Londres, afirmaba que los barcos de contrabandistas irían armados con cañones para defenderse de los guardacostas españoles. A nadie se le ocultaba –como no se le oculta hoy– que Gibraltar no era viable económicamente salvo mediante la conjunción de prácticas económicas delictivas y colonialismo británico. Tan sólo este tema daría material más que sobrado para una voluminosísima tesis doctoral.

Las críticas británicas a la colonia

Por supuesto, no todos los británicos veían con agrado semejante suma de desafueros. En 1856, sir Robert Gardiner en su Informe sobre Gibraltar. Una fortaleza y una colonia se preguntaba: “¿Cuáles deben ser los sentimientos de todos los españoles con esta noble Roca a la vista siempre, ocupada por extranjeros?”. Seis años después, John Bright afirmaba que “el Peñón de Gibraltar fue tomado y retenido por Inglaterra cuando no estábamos en guerra con España y su apropiación fue contraria a todas las leyes de la moral y del honor”. No fueron los únicos.

Naturalmente, Gibraltar, que nunca ha sido algo distinto a una colonia, se vio afectada directamente por el proceso descolonizador. En 1950, el gobierno británico inició en Gibraltar un proceso de repoblación que, supuestamente, ayudaría a legitimar la supervivencia de la colonia. La acción –una burla absoluta del derecho internacional– fue contestada incluso en Gran Bretaña. En febrero de 1951, por ejemplo, William C. Atkinson indicaba cómo Inglaterra se había comportado en la situación de Gibraltar añadiendo “el insulto a la herida”. El 17 de septiembre de 1954, Halliday Sutherland señalaba que la toma de Gibraltar en 1704 “fue un acto de piratería” y en 1966, Arnold J. Toynbee indicaba la injusticia de la ocupación británica de Gibraltar preguntándose: “¿Le agradaría al pueblo británico ver una fortaleza rusa o china en Land´s End o en las islas del Canal?”.

La resolución de la ONU y la posición española

Sin embargo, lo más importante fue que la ONU reconoció públicamente que Gibraltar no era territorio británico sino una colonia. El Comité encargado por Resolución 1654 (XVI) de 27 de noviembre de 1961 del examen de cuestiones relacionadas con el proceso de descolonización –un comité que desde el 17 de diciembre de 1962 contaría con veinticuatro miembros– proclamó solemnemente en su resolución de 16 de octubre de 1964 que “las disposiciones de la Declaración sobre la concesión de independencia a los países y a los pueblos coloniales se aplican íntegramente al territorio de Gibraltar”.

El 16 de diciembre del año siguiente el plenario de la XX Asamblea General de la ONU aprobaba un proyecto de resolución sobre Gibraltar en el que volvía a insistir en el carácter colonial de este enclave. La Resolución fue aprobada por 96 votos a favor y ninguno en contra.

Lo cierto es que semejante paso –de capital importancia histórica– venía a recoger lo que había sido un proceso sin titubeos. De hecho, y es obligado referirlo, a lo largo de la Historia de España, pocas causas han sido defendidas de manera más unánime por los españoles de todo signo que la de la soberanía española de Gibraltar. Por supuesto, como hemos indicado, esa causa la defendieron reyes como Felipe V o Carlos III y dictadores como Miguel Primo de Rivera o Franco. Pero también lo hicieron los cuatro presidentes de la I República: Figueras, Pi i Margall, Salmerón y Castelar.

Estanislao Figueras afirmó “el objetivo de la nación debe ser en esta como en todas las cuestiones, buscar el engrandecimiento y la prosperidad, para que esta política nos lleve a Gibraltar”. Francisco Pi i Margall señaló “la patria está encogida porque está cercenada con la exclusión de Gibraltar”. Salmerón dijo: “Inglaterra extiende continuamente su dominio en el territorio de España” y Emilio Castelar proclamó: “Yo admiro mucho a la nación inglesa. Mas declaro que no puede ser nuestra aliada mientras posea Gibraltar”. La misma actitud mantuvieron los dos presidentes de la II República, Alcalá Zamora y Azaña. Alcalá Zamora señaló, por ejemplo, “Entre Inglaterra y España sólo se plantea e interpone un problema: el de Gibraltar. Han pasado más de dos siglos, podrían pasar muchos más y ese problema seguiría vivo” y Manuel Azaña escribía: “Toqué la cuestión del Estrecho haciendo ver la importancia de asegurar su dominio, en caso de guerra. Examiné la cuestión de Gibraltar y dije al Consejo mi propósito de preparar desde el Ministerio de la Guerra los planes necesarios para tener aquel dominio”. Ese punto de vista llegó a hacerse extensivo a dirigentes de la izquierda como la anarquista Federica Montseny o el socialista Luis Araquistain que manifestó: “Gibraltar es un anacronismo histórico que debe avergonzar a todos los europeos de Occidente y no sólo a los españoles y a los ingleses”. No hace falta decir que no pensaban cosa distinta los intelectuales más importantes. Joaquín Costa afirmaba: “Ese control inglés es vejatorio para España y no debe tolerarse...” o Salvador de Madariaga declaraba: “Nadie cree hoy en Inglaterra que sea posible negarle Gibraltar a España”. “En cuanto a los políticos, en este asunto, no creen ni una palabra de lo que dicen”.

Esa situación no experimentó cambios tampoco al producirse la instauración de un régimen democrático en la segunda mitad de los años setenta del siglo pasado. Tanto los gobiernos de la UCD como los del PSOE mantuvieron la insistencia en la soberanía española sobre Gibraltar, una posición nacional que se salvaguardó en la Declaración aneja al Tratado de adhesión a las Comunidades Europeas. Por otra parte, el Derecho Comunitario, de forma congruente con la situación colonial que sufre España en Gibraltar, establece en el art. 299 - 4 del TCEE que “las disposiciones del presente Tratado se aplicarán a los territorios europeos cuyas relaciones exteriores asuma un Estado miembro”. Es decir, que los gibraltareños, según el Derecho Comunitario, no cuentan con voz propia en política exterior, porque la asume el Reino Unido.

Por otro lado, la política exterior correspondiente a las dos legislaturas de gobierno del PP mantuvo esa misma línea ininterrumpida de tres siglos, logrando avances verdaderamente notables siendo ministro de Asuntos exteriores Joseph Piqué y cuando se abordó el tema de la soberanía. El acuerdo no se concluyó finalmente –Gran Bretaña pretendía que fuera definitiva la solución co-soberanista y además que se consultara a los habitantes de Gibraltar, mientras España rechazaba ambos extremos– pero significó un reconocimiento por parte británica de los derechos españoles.

Hasta hace apenas unos días, sólo dos razones impedían que Gibraltar siguiera el camino de otras colonias británicas, como Hong Kong, y fuera reintegrada a la soberanía que en derecho corresponde, es decir, a la española. La primera era el prurito británico de continuar manteniendo un peso colonial en un mundo afortunadamente poscolonial. La segunda –aún más inconfesable– era no entrar a fondo en la sentina de irregularidades legales que tiene como sede Gibraltar y que ha sido denunciada repetidamente desde las más diversas instancias. Resulta obvio que ninguna de estas razones era de recibo en el marco no sólo de la Unión Europea sino del cumplimiento más elemental del derecho internacional.

A día de hoy, la única salida justa y razonable para el contencioso de Gibraltar sigue siendo la restitución de la soberanía de la plaza a España. De hecho, el momento en que se llegue a ese punto no sólo se habrá corregido una injusticia histórica sino que habrá desaparecido el último contencioso entre dos grandes naciones que, antaño enemigas, son ahora amigas y aliadas y, sobre todo, se habrá eliminado del territorio europeo una lacra tan vergonzosa y vergonzante como la existencia de una colonia.

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