Todo tipo de
cuentos, leyendas, relatos y publicaciones en general, encontrados en la Red y
recopilados por nuestros visitantes.
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Una tarde de locos
Mediados de Julio, 15 horas, con un sol abrasador y en plena digestión, enmiquel
y yo sesteamos en la parada de la Cínica del Consuelo, charlamos de espaldas a
la gente que cruza apresurada por el paso de peatones, dirección Avd. Giorgeta.
Suena una voz a mis espaldas "esta libre" por toda respuesta "si" y subo al
coche, sin mirar siquiera a la persona que me ha hablado, un toledo de los que
tantos hay, dentro ya, oigo una voz que dice:
-Cl.- Me lleva a Puerto de Sagunto
-Yo.- Si, claro, sabe cuanto cuesta
-Cl.- Claro, pero dese prisa, que entro a trabajar a las cuatro
-Yo.- Bueno, ¿por la autovía, Verdad?
-Cl.- Si
A toda velocidad, cojo Peris y Valero, y cruzo Blasco Ibáñez, para incorporarme
a la autovía por el Politécnico, llevamos 20 minutos de trayecto y a pocos
kilómetros del Puerto de Sagunto, cuando aparece la cara de la persona que
ocupaba el asiento de atrás.
¡Joder! Que susto, debido a que el toledo, disponía de unos asientos delanteros
y cabezales muy altos, apenas había podido distinguir la cara de la persona que
ocupaba el asiento.
Una cara apepinada, con evidentes signos de"idioticida", camisa de gasa color
salmón transparente, y que cuando se echó hacia los asientos de delante,
descubrí unos pechos en forma de calcetín, ya que debajo no llevaba nada.
A todo esto, 130 Km/h y muy cerca del Puerto de Sagunto mi susto fué mayor
-Cl.- Ya queda poco, verdad.
-Yo.- Si, estamos muy cerca.(mis nervios a flor de piel)
Entramos en el Puerto de Sagunto, a toda velocidad, no eran ni las 15,45 h.
-Yo.- Ya me indicarás por donde es, ó por donde paro
-Cl.- Si, no te preocupes, es que aquí vive mi marido, y él te dará el dinero
del viaje
-Yo.- (pienso: Mierda, ya no cobro)
A todo esto, circulamos por el Puerto de Sagunto, entramos en la zona antigua,
una calle estrecha y adoquinada, de pronto veo por el retrovisor, que se abre la
puerta trasera izquierda del coche, y un grito.
-Cl.- Es aquí.
Un porrazo tremendo y yo haciendo maniobras para no atropellar a la mujer que se
había tirado del coche en marcha,me invade un sudor instantáneo, y miedo, mucho
miedo, creía que la había atropellado.
Me baje del coche de un salto, y salí corriendo hacia ella, estaba tirada contra
la acera, boca abajo gritando, cuando le di la vuelta, quería morirme. Tenia un
rascón, como un latigazo, que se extendía desde la clavícula izquierda, hasta su
cadera derecha, pasando por encima de sus pechos tipo "calcetín". Gritaba:
-Cl.- Déjame, que vaya a por dinero para pagarte. A todo esto, y a pesar de ser
todo teatro, había unas cuantas personas mirando, esto ya frenaba mis ganas de
salir corriendo y dejarla allí, no me importaba cobrar, ni me importaba nada,
solo quería irme, y la gente me miraba.
Ella se levantó, y con aires de dignidad, cruzó la calle, me gritó, "espera
ahí", y entró en un portal, yo pensé "cinco minutos y cuando la gente se
distraiga me largo"
Eso hubiera querido yo, en dos minutos estaba en la calle otra vez, y subida en
el taxi.
-Cl.- Mi marido no esta, vamos a casa de mi suegra, ó te vas a enterar.
A mis 26 años y con tres años (solo) de experiencia en el taxi, mi miedo era ya
surrealista, no sabia lo que hacer, hasta era posible que la pobre mujer pensara
en aquellos momentos con mas cordura que yo.
A todo esto, me fue indicando, y al rato, llegamos a una zona de viviendas de
clase obrera, eran las 16'15, y empezaba a verse más gente por la calle.
Me hizo para frente a un bloque de pisos, y me dijo:
-Cl.- Espera, que le pido dinero a mi suegra. Yo pensé, este es mi momento, me
largo, desgraciadamente, la mujer no se separó del coche ni medio metro. Empezó
a gritar, Ramona!!, Ramona!!. hasta que en el balcón del primer piso, apareció,
una mujer mayor, gorda, y de negro, con el pelo grasiento y un delantal lleno de
roces y un "poco" sucio.
-Ra.- Que quieres, otra vez estas aquí, estoy hasta los güevos de ti.
-Cl.- Baja Ramona, y paga el taxi.
-Ra.- No me sale de los güevos, y tu taxista llévatela ya por donde has venido.
Se me acababan de saltar las lágrimas del susto, ni hablar, eso si que no, con
esta loca de vuelta a Valencia.
-Yo.- Que yo me la lleve?, ni hablar, aquí se queda.
-Ra.- Espera que bajo.
Yo pensé, para pagarme, por lo visto mi inocéncia no tenía límites (por
entonces) Asomó la figura de la Ramona, rechoncha, grasienta y más bien súcia, y
dirigiéndose a mi, golpeándome con la mano en el pecho me dijo:
-Ra.- Tú, te la llevas, ¿es que no ves que esta loca?
-Yo.- Y yo que se, a mi me ha cogido en la Clínica del Consuelo, y me ha dicho,
al Puerto de Sagunto, y aquí estoy, usted me paga y yo me voy.
A todo esto la pobre enferma, daba unos alridos de desolación que llamban la
atención a todo el que pasaba.
-Ra.- Yo no te pago y tú te la llevas, esta semana ha venido con taxi tres
veces, y la has cogido en la Clínica del Consuelo porque coge el autobús en
Bétera, que es dónde esta recluida desde hace 15 años, desde que mi hijo la
dejó, y mi hijo vive en Andalucía.
Esto ya era "demasiao", ya no tenía muchas opciones, y la gente miraba, y
runruneaba entre ellos. La enferma pasaba de lloros a risas, yo me moría por
irme.
-Yo.- La llevo a comisaría y ya se apañarán.
-Ra.- El último que la llevó a comisaría, se pegó allí 10h., hasta que vinieron
de Bétera a buscarla, mejor la llevas allí y te pagarán.
-Yo.- Me cagon la madre que os parió a todos, yo no tengo nada que ver en esto.
Dos hombres jóvenes con no muy buena pinta se acercaron y flanquearon a la
vieja.
-Ra.- Pues te jodes!
Sin decir ni pio, cogí a la enferma de un brazo, la metí en el coche, y pensé,
la dejo donde sea, pero al arrancar uno de los tipos me dijo:A ver lo que haces,
no vaya a ser que te tengamos que buscar, tenemos tu matrícula.
Bueno pues para Bétera, eran las 17h. Y cosa curiosa, el taxímetro seguía en
marcha, ni siquiera me había acordado de él, marcaba 3000 ptas del año 85.
Cuando la enferma se dió cuenta de que estábamos en el Vipas en dirección a
Valencia, sus gritos en el coche eran de verdad de "loca".
-Cl.- Me tiro, si no paras, que me tiro.
-Yo.- Tranquila, que te llevo con tu marido.
Jo!, se acababa de romper la camisa, y su "calcetines" colgaban fuera de la
camisa. Como intentaba abrir la puerta tuve que frenar en plena A-7, y mientras
gritaba: Me has violado.
Me quito mi cinturón y con los dos cinturones la ato al asiento mio, al lado
mío, una imagen penosa, sus "calcetines" colgában flácidos cuando ella se
inclinaba hacia delante. No se como lo hice, pero, todavía no eran las 18h.
cuando estaba disparado por la puerta del psiquiátrico de Bétera. Cuando paré el
taxi, ella lloraba desconsoladamente, y decía:
-Cl.- Otra vez aquí
Se me acercó una monja de dos metros, me miró y dijo "un momento, que ahora le
pagan"
Mi sorpresa, ya no tuvo límites, cuando después de coger a la enferma y antes de
llevársela arrastrando de un brazo, me preguntó ¿Con 5000pts. llega? Hágame un
recibo.
-Yo.- Siiii (Mas que de sobras, lo daba por perdido)
Cinco minutos después, y sin mediar palabra se acrecó la monja, me soltó las
5000ptas. del ala, y cogiendo su recibo se largó.
Yo salí cantando rueda de allí, me tuve que ir a casa y tomarme tres valerianas
y una ducha y por supuesto no volví a salir ese dia.
Realmente fué: Una tarde de Locos
Enviado por Enric.
*****
El
Enviado del Cielo...
-Serían sobre las once de la noche, cuando, hallándome en la parada de la
Estación del Norte, (Renfe) requirió mis servicios un joven de una edad
comprendida entre los veintidós y veinticinco años. Su indumentaria era de lo
más correcta: vestía un buen corte de traje de color gris jaspeado y chaleco del
mismo tejido, camisa blanca, corbata de finas rayas oblicuas y zapatos negros.
-En resumen, diríase que ¡todo un caballero!, aparentemente.
-Buenas noches
-Buenas noches - le contesté.
-¿Me puede llevar a Sueca?
(Esta población dista unos treinta y cinco kilómetros desde Valencia)
-Cómo no, señor.
Ocupó el asiento delantero derecho y marchamos hacia Sueca. Esos viajes son los
que da gozo y placer realizar, porque son pocos kilómetros que se recorren en
poco tiempo;
no pierde uno de vista "el Micalet".
En el recorrido apenas si cruzamos palabra, salvo cuando le ofrecí un
cigarrillo, que aceptó.
Acabábamos de pasar la población de Sollana, cuando se decidió a abrir
conversación.
-Voy a ver si pongo orden en Sueca, que buena falta hace que le pongamos la mano
encima.
Pensé que sería policía o algo por el estilo.
-¿Pertenece usted a algún cuerpo especial? - le pregunté.
-Al cuerpo más grande que puede existir.
-Y ahora va usted destinado a Sueca, ¿no es eso?
-Así es; siempre vamos de una parte a otra, sin descanso.
-Bueno ahora que pienso: ¿No lleva equipaje?
-Nosotros no necesitamos equipajes; todo lo que necesitamos lo llevamos encima.
-¿Todo a base de hotel?
- No hombre... A mi, por ejemplo, no me hacen falta maletas ni nada, porque soy
"un enviado del Cielo".
Quedé un poco sorprendido. No llegaba a comprender lo que quería decir y, ante
la duda, opté por preguntar y aclarar de qué iba la cosa.
-No llego a comprenderle, señor. ¿Que quiere decir "enviado del Cielo"?
-Pues está muy claro: que no soy de este mundo, que me envían del Cielo para que
arregle la humanidad, que está corrompida. Están ustedes faltos de corazón,
están ustedes desprovistos de sensibilidad.
-Entonces, usted, no es terrestre....?
Ante la declaración que me hizo, estaba mas perplejo que antes. Francamente, no
sabía que pensar. Bueno, sí; me dije para mis adentros: estaría bueno que fuera
un marciano y me quemase el asiento.
-¡Exactamente!... Yo no soy materia como cualquiera de ustedes. Yo soy
indestructible, porque soy de nada y lo soy todo.
-Oiga, eso es más bien un pensamiento filosófico.
-Yo podría hablar indefinidamente y nadie podría comprenderme. Todo tiene que
ser a voluntad del Todopoderoso, por El que estoy aquí.
Empecé a pensar lo peor; todo aquello era anormal. Y opté por tantear al
"ángel". Ya entrábamos a Sueca.
-Bueno, oiga, usted no llevará maletas ni necesita nada de nada, pero lo que es
dinero sí que llevará, ¿verdad?
-¡Jamás! Eso no hay ni que nombrarlo, esa es una de las materias por las que la
humanidad está corrompida. Por esas cosas que a simple vista no les dan
importancia es por lo que estoy en la tierra.
-Pero en casa sí que tendrá, ¿verdad?
-A mí me está prohibido tener dinero. Nosotros no lo necesitamos; esa es una de
las razones de la perdición de los terrestres.
-Pero, oiga, entonces, ¿quién me va a pagar el viaje?
-Pues, no lo sé. Yo, desde luego que no; ya le digo que a mí me está prohibido
tener dinero.
-Y cuando ha cogido el taxi, ¿por qué no dice que no lleva dinero y no iba a
pagar?... Bueno, usted dirá lo que hago o dónde le llevo.
-Lléveme donde usted crea. Voy a decir lo mismo que le he dicho a usted.
Pensamientos y deseos tuve de emprenderla a golpes con aquel "tarado mental";
pero no sé a ciencia cierta lo que me hizo contenerme.
Tras unos segundos de meditación me decidí. Sí, me decidí por volver a Valencia.
-Bueno señor ángel, pues como no me paga, me veo en la necesidad de llevarle de
nuevo a Valencia; no me deja otra alternativa.
-Como usted quiera; haga lo que crea conveniente.
Llegamos a Valencia y me dirigí recto a la comisaría. El policía de puerta
escuchó por boca de ambos el extraño caso y terminó por despertar al comisario.
Este nos recibió y entró de nuevo la explicación.
-Bueno, ¿qué es lo que pasa?
-Pues, verá: Aquí este joven, que me ha subido en el taxi en la Estación del
Norte y le he llevado hasta Sueca. Una vez allí, me dice que no me paga porque a
él no se le permite llevar dinero.
-Bueno... ¿Qué dice usted? - preguntó el comisario al apuesto cliente.
-Ya lo ha oído usted, comisario; no puedo llevar dinero porque soy un enviado
del Cielo. Sólo estoy en la tierra temporalmente, enviado por el Supremo para
salvarles a ustedes.
-Y... ¿Cuál es su misión?, si se puede saber.
Levantando ambas manos al cielo, exclamó:
-¡Oh, Dios!... Escúchame, Señor: aquí estoy en la tierra por encargo y orden
tuya, tal y como me dijiste. Es cierto que la humanidad está corrompida,
materializada, desprovista de sentimientos.
-Bueno, oiga... - insistió el comisario - ¿Usted qué comedia está
representando?... Páguele al taxista, que el hombre está trabajando y tiene que
responder ante su patrón.
-Ya le he dicho que no se me permite el llevar ni tocar dinero. Mi misión en la
tierra es el llevarles por la senda del bien, limpiarla de tanta maldad y
corrupción con la que la están manchando.
- Y si usted no lleva dinero, ¿por qué ha cogido el taxi de este hombre y se va
de viaje? ¿Por qué no se lo ha dicho antes?
- Porque no es preciso, señor; los ángeles no necesitamos decir nada; los
enviados celestiales no pagamos. Yo voy a un restaurante y digo: soy un enviado
de allá arriba y quiero comer. Me ponen de comer y no pago.
- Pues, a mí me tenía que haber dicho lo mismo, y yo no hubiera hecho el viaje
tontamente. Ahora tengo que poner el dinero de esos kilómetros para mi jefe y
quitárselo a mis hijos. Vaya clase de ángel con mas cara, que necesita comer y
viajar con taxi en vez de desplazarse volando.
*El comisario reía de la desfachatez de aquel individuo. Nada pudimos sacarle en
claro. Al final, le dejó marchar y, pasándome la mano por encima de los hombros,
me dijo:
-Ya lo ve usted: está peor que un rebaño. Seguro que es otro escapado de Bétera.
(Sanatorio psiquiátrico)
-Pero, al fin y al cabo, el perjudicado soy yo, que tendré que poner de mi
bolsillo en la recaudación cerca de ochocientas pesetas; porque mi jefe no es
tonto, y esos kilómetros han sido gastados de combustible y cuentan en el
cuadro.
Como el individuo llevaba un reloj y un anillo, que a simple vista parecían de
cierto valor, se lo comenté al comisario.
-Oiga, ¿por qué no le coge esas prendas y, una vez valoradas, yo puedo cobrar y
no lo pierdo todo?
-No; eso no se puede hacer.
-Y este ángel, ¿para qué quiere todo eso?
El daño es mínimo; pero, póngase usted, querido lector, en el puesto del taxista
por unos momentos: Le sube un "tarado"; le hace hacer unos kilómetros en un
coche que no es suyo, que tiene que rendir cuentas y, lógicamente, al final de
la jornada, usted lo paga de su bolsillo, y a sus hijos ese día no les puede dar
ni pan con chocolate.... ¿Cómo reaccionaría usted?
¿Hasta cuándo vamos a tener que seguir soportando la plaga del psiquiátrico de
Bétera?... ¿Cuándo estarán controlados debidamente, sin que perjudiquen de una u
otra forma a la sociedad?
Quiera Dios que pronto. Y..., por favor..., ¡no nos manden más enviados del
Cielo!
Vivencia real, extraída de la publicación El taxi, un confesionario; editada en
1981 por su propio autor Francisco Monera Lorenzo. (Compañero taxista, fallecido
en la actualidad)
*****
Rescate a lo salvaje.
En cierta
ocasión y durante una calurosa noche de verano, (agosto del 74) sobre las 03,30
hs. de la madrugada, estaba yo tranquilamente en una de las muchas paradas de
taxis existentes en nuestra ciudad, (generalmente la habitual) cuando de repente
sonó una llamada en el telefonillo del poste de la parada, rápidamente me
apresuré a descolgar el auricular y atender la llamada en cuestión.
Una vez tomados los datos pertinentes, procedí a efectuar el servicio requerido.
Cuando llegué al lugar, se montó en mi taxi un hombre de unos 35 ó 38 años
aproximadamente, y de apariencia correcta y señorial, indicándome que le llevase
a la playa de la Malvarrosa, cosa que procedí a efectuar sin la mas minina duda
ó extrañeza, aún a pesar de la tempestiva hora y dado que en aquellos tiempos,
no existía nada para ver ó visitar por aquellos andurriales.
Cuando habían transcurrido unos minutos, durante el desplazamiento al lugar en
cuestión, el citado cliente comenzó a darme conversación, a lo que le
correspondí en cordial armonía, cuando ya estábamos llegando a lugar que me
indicó, y dijo que no me asustara de lo que a continuación iba a presenciar, y
sobre todo que no llamase a la policía, (pues observó que mi taxi, estaba dotado
de radio-taxi, concretamente el X-77) dado que el evento en cuestión seria de
una extrañeza totalmente inusual, por lo que puse todos mis sentidos en
prevención y alerta, esperando algo que desconocía totalmente, tranquilizándome
un poco a su vez, dado que disponía de todos los datos del domicilio del
cliente, así como su DNI., el cual el cliente en cuestión se brindó a
ofrecérmelo sin yo habérselo solicitado.
Bien pues una vez llegado al lugar, procedimos a patrullar en ziz zag, costeando
toda la playa circulando con mi flamante SEAT 1500 bifaro, (de color negro
evidentemente) y con los cuatro potentes faros encendidos, además de los súper
Cibié antiniebla, mas los dos Cibié de larga distancia blancos, de los cuales
iba equipado mi taxi, osease 8 faros en total, dotados de unos 360 Ws.
aproximadamente, es decir, que parecía que fuese circulando por el día.
Pues bien, no os podéis hacer una idea de la cantidad de parejitas que saltaban
zumbando, al ser alcanzadas por el haz luminoso de los faros del taxi, todo ello
hasta el momento en el que mi cliente reconoció al vehículo que estaba buscando.
Cuando lo halló, me indicó que parase el taxi "no el motor" enfocando la luz al
vehículo hallado bloqueando su fuga a su vez, una vez efectuada esta maniobra,
me indicó que le esperase y me adelantó una fuerte suma de dinero, procediendo
este a bajar del taxi y dirigirse andando hacia al vehículo que estaba siendo
víctima del potente haz luminoso de mi taxi, y que evidentemente no se podía
mover, dado que le bloquee la única salida que tenía accesible, de la forma que
estaba estacionado.
Una vez llegado al vehículo, (un Renault-8) y por el lado de la ventanilla del
conductor, le cojió (al conductor del R-8) por el cuello y lo sacó por la
ventanilla como si un muñeco de trapo se tratara, procediendo a continuación a
propinarle una buena samanta de hostias y palos, que lo dejó hecho un braga y
tirado en la playa como si fuese una vulgar colilla.
Acto seguido volvió al R-8, y tomó por los cabellos (como en la edad de piedra)
a una hermosa joven de unos 18 ó 20 años aproximadamente, y con un cuerpo
realmente hermoso y despampanante, (pues la vi perfectamente ya que estaba como
su madre la tiró al mundo, es decir totalmente desnuda) y la sacó del coche de
la misma forma que al otro, a bofetada limpia, introduciéndola a posteriori, en
el interior de mi taxi, y regresando al R-8, a recoger toda la ropita de la nena
en cuestión, dándosela por la ventanilla de mi taxi, y vistiéndose ella solita
en el asiento posterior de mi taxi, llorando como una magdalena y con los ojos
totalmente hinchados y rojos de los guantazos que le dio mi cliente, en el
recorrido desde el R-8, asta mi taxi.
Una vez vestidita (ji ji ji) subió el cliente a mi taxi, y me indicó donde les
debería de llevar, cosa que procedí de inmediato y además, a todo gas de lo que
daba mi flamante 1500, con su motor diessel barreiros.
Una vez en el domicilio requerido, el cliente me indicó si sobraba dinero de la
cantidad que previamente me anticipó en la playa, a lo que respondí que: tres
veces por encima del valor del servicio, y él me respondió que me lo quedase en
concepto de propina y por todas las molestias causadas. Indicándome a su vez,
que por favor, no comentase esto con nadie y en ningún lugar.
(Ahora lo cuento como una aventura real, pues han transcurrido cerca de 20 años
del evento, y no creo que tenga ninguna trascendencia, puesto que la joven si
vive, deberá de tener ahora unos 38 ó 40 años aproximadamente, y no creo que ni
tan siquiera recuerde tan desagradable aventura... ¿ó quizás si?)
Es evidente que no lo conté, salvo a las personas más allegadas y directas a mi
persona ó colegas íntimos.
Lo que nunca supe es quien era en cuestión el cliente.... ¿El padre? ¿El novio
real? ¿Un hermano? ¿O quizás el marido? ji ji ji ji ji.
Juan Luís.
*****
Una errónea
Interpretación.
-Recientemente recogí a dos matrimonios en la estación de RENFE, que
probablemente eran recién llegados de alguna aldea, (o vete a saber de donde)
puesto que llevaban un sin fin de bultos, cestas, bolsas y otros, los cuales me
las vi negras para adaptar en el interior del maletero y del habitáculo de mi
taxi.
-Pues bien una vez acomodados en el interior del vehículo con su
correspondientes bultos y demás, me indicaron que les trasladara a la estación
marítima, puesto que se marchaban a Ibiza ó Mallorca, no recuerdo exactamente,
así pues puse el motor en marcha y emprendimos camino del puerto de Valencia.
-Después de sufrir los correspondientes atascos y demás incidencias del tráfico,
llegamos sin novedad a la estación en marítima, procediendo de inmediato a
efectuar la descarga de la media casa, que llevaban a cuestas los matrimonios en
cuestión.
Una vez descargado todo, procedí a indicarles a estos, que el servicio costaba,
lo que marcaba el aparato taxímetro, 6,05 € mas 1,95 € de todos los bultos,
osease 8 €, en total y cuenta saldada.
-Para que os voy a explicar, cual fue mi sorpresa al oír la respuesta que me
dio, el marido de uno de los matrimonios el cual llevaba aun la boina puesta. Y
que os reproduzco con la mismas palabras que él me dijo.
Oiga UD. señor taxista, seguramente usted nos toma por tontos, por que venimos
del pueblo ¿verdad?
Nosotros no tenemos que pagar nada por los bultos o cualquier otra cosa, que no
esté reflejada en el contador ese, que tiene usted ahí.
Nosotros le daremos a usted, 6,05 € cada uno, o sea 24,20 € y usted, ya se
arreglará con el dueño del taxi, o lo que sea......
-Evidentemente, como me habló de forma grotesca y casi a gritos, pues yo me
callé, tome mis 24,20 €, puse el taxi en marcha y salí zumbando del lugar.
MORALEJA
No te pases de listo ó espabilado, pues el taxista no esta chalado..........
Juan Luís.
*****
Réquiem por un Canario
Ya habían dado las tres y media de la noche. El corazón de la ciudad se hallaba
desierto; de tarde en tarde se podía ver el coche solitario que circulaba en una
u otra dirección.
Lo que sí abundaba eran coches con el piloto verde, es decir taxis. De ello no
se carece en las grandes ciudades, y es producto de los tiempos que vivimos, ya
que, en el momento que oscurece, el personal sale a la calle lo imprescindible,
lo justo, lo necesario, en busca de la farmacia de guardia o algo similar.
Ante los atracos, violaciones y el temor a la ola de desorden que existe en el
país últimamente - producto de lo que llaman DEMOCRACIA -, la gente se retrae, y
con razón, a transitar por la vía pública.
Ha desaparecido aquella ilusión, aquel colorido, aquel júbilo y aquella alegría
que reinaba en la nación años atrás.
Dos jóvenes llegan a la parada y me indican les lleve a la Avda. Peris y Valero.
Una vez cumplido el servicio, ya me dirigía de nuevo hacia el centro de la
ciudad, cuando dos señoras (madre e hija) me hacen el alto.
-Buenas noches, señor.
-Muy buenas.
-Creíamos que no iba a pasar ningún taxi. Ya estábamos padeciendo, porque a
estas horas da miedo ir por la calle.
-Siempre pasamos uno u otro. Ustedes dirán.
-Llévenos a la Carrera Malilla. Ya le indicaremos a qué altura nos tiene que
parar, y luego continuamos.
-De acuerdo.
La Carrera Malilla se halla situada en paralelo a la pista que sale en dirección
hacia Alicante, y, concretamente, a unos dos kilómetros de donde subieron estas
dos señoras.
Ya en la Carrera Malilla, me avisaron.
-Vaya un poco despacio. Por aquí hay una planta baja donde tenemos que entrar a
cojer una azada o alguna herramienta similar.
-¿No irán ustedes a ponerse a trabajar a estas horas en el campo?
-les bromeé a las señoras, ya que en aquellas inmediaciones todavía hay mucha
huerta pronta a edificar.
-¡Qué va!... Es algo más penoso. Imagínese, vamos de entierro.
-Pero, ¿a estas horas?
-Pues, sí. Hemos esperado nueve horas exactas a enterrarle, para poder hacerlo
al año justo de su nacimiento.
-Pobre criatura, también ha vivido poco. Miren ustedes, ¿qué quieren que les
diga? No ha podido ver las cosas maravillosas de este mundo; pero tampoco ha
padecido. En fin, lo siento señoras.
-Muchas gracias -contestaron las dos a un tiempo-. Bueno, en realidad, no es una
criatura. Es un canario.
-¡¿Un canario?! - exclamé
-Sí señor, un canario. Mire.
Efectivamente. Me mostraron una cajita de plástico duro, de esas en que van las
tarjetas de visita; la abrieron y dentro, envuelto en algodón, estaba el
"cadáver" de un canario.
- Mire usted su cara, mire qué guapo era... ¡Ay, Señor!-suspiró-.Si le hubiese
escuchado cantar, si le hubiese visto de qué forma nos miraba.
-Entonces, la azada, ¿la querían para enterrarlo
-Sí señor.
-Pues, no se preocupen. Aquí, en el maletero, llevo yo un destornillador
bastante largo; verán qué pronto le cavo yo una buena fosa.
-Dios se lo pague. A nosotras nos preocupaba el tener que ser sus propias
enterradoras.
En un claro sin edificar, aparqué el coche y bajamos. Cogí el destornillador y
me siguieron. Hice un buen hoyo y lo metí con caja y todo.
-Métalo bien dentro y apriete la tierra cuanto pueda, que no lo puedan sacar los
perros ni ninguna alimaña... Adiós, cariño, bonito mío. Ya no volverás a
cantarnos más, ya no podremos decirte cosas ni nos mirarás como tú hacías.
Yo no sabía lo que hacer ni decir. Llegué a pensar infinidad de cosas, hasta que
eran miembros de alguna secta rara; pero creí conveniente seguirles el juego y
ya veríamos en qué terminaba todo.
Después que terminé, quedamos los tres contemplando por unos instantes . Yo las
miraba de reojo, con la cabeza agachada.
-¿Nos marchamos ya? - preguntaron.
-Como ustedes quieran.
Cuando volvimos al punto de donde las había recogido, no sabían qué hacerse
conmigo. Se deshacían en elogios y querían gratificar mi acción. En vista de que
yo no quería nada, me abonaron el servicio y acto seguido me dieron quinientas
pesetas por los servicios prestados, por ese gesto de humanidad que tuve.
Yo me pregunto: si por enterrar un canario me dieron quinientas pesetas, si
llego a enterrar un pavo... ¡Casi na!... Me compro un solar e instalo un
cementerio de aves. Pero... ¡No me caerá esa breva!
Vivencia real, extraída de la publicación "El taxi, un confesionario" editada en
1981 por su propio autor Francisco Monera Lorenzo. (Compañero taxista fallecido
en la actualidad)
*****
¿lleva tomates o naranjas en el taxi?
Voy por Primado Reig con mi taxi todo garboso y reluciente después de sacarlo de un
túnel de lavado
En el horizonte lejano de las aceras observo una figura enlutada que erguía su
mano derecha al viento, pidiéndome que parara.
Enseguida raudo y veloz me dirigí hacia el y estacioné a su lado, para que en su
buen hacer el anciano hombre subiera lo mas diligentemente posible al taxi
Era un hombre de unos 70 años, traje negro, camisa gris, pelo gris y rostro
trabajado durante décadas al sol
-¿Buenos días, donde le llevo?
-A la calle Ciscar
-¡Vamos para allá!
No mas tarde de acercarme a Gómez Ferrer me indica el señor
-¿Perdone usted, no llevará usted tomates?
Me habían preguntado muchas cosas hasta ese momento, pero esa precisamente salía
de mis inmensurables conocimientos
No sabia como contestarle, pues no quería ni que mi respuesta pareciera falta de
respeto, guasa... etc,. le dije
-No en estos momentos, no tengo, lo siento
Después de recibir el silencio durante unos minutos por contestación, me dice
-¿y naranjas?
-Pues tampoco, lo siento
Yo lo observaba detenidamente por el retrovisor interior del coche, ya que me
dejó un poco plano sus preguntas
Tenia el brazo izquierdo agarrada al asidero del techo de su lado y la cabeza la
tenia ladeada hacia la derecha con gesto pensativo
Después de otro rato en silencio. se echa a reír y me dice
-Verá, es que se habrá quedado usted extrañado, pero le he preguntado eso a
usted, porque se que algunos compañeros suyos, como van de un lado para otro
cuando pasan por una huerta tienen ustedes la costumbre de coger naranjas o
tomates
- Pues mire, yo no tengo costumbre, pero no le digo que algún compañero pueda
tener esa costumbre, normalmente no pasamos todos los días por la huerta
Volviéndose a reír, me dice
-Es que mi mujer me ha encargado que compre 1 Kg. de tomates y naranjas
-Bueno, pues si quiere buscamos una frutería o verdulería, le paro un momento y
compra lo que tenga que comprar, pero naranjas es difícil que pueda encontrar
pues no es temporada
- Lo que pasa es que he bajado con el dinero que me ha dado mi mujer y ahora no
lo encuentro..
....ALARMA, ALARMA, pensé yo, Una carrera que no voy a cobrar
- Perdóneme señor, ya estamos llegando
- si, si, páreme aquí a la derecha, se esperará un momentito aquí y ahora bajo
que en este patio vive mi hija y ahora bajo
Pienso yo, pues ya no lo veo este se sube y a dios carrera, paré el coche y salí
a tomar aire fresco...
Click, Clack, Click, Clack. mirando el reloj pienso a este no lo para nadie y el
hombre sin bajar
ya desesperado y pensando en irme para no perder mas tiempo.¡y continuar la
marcha, observo que se abre la puerta del patio y sale el señor acompañado de
una mujer de unos 45 años
- Me dice la mujer, Perdone la espera pero ya estamos aquí.
La mujer llevaba dos bolsas una en cada mano en una llevaba tomates y en la otra
un melón
Ayudándole a la mujer a meter al anciano otra vez en el coche con las bolsas.
saca del bolsillo 20 euros y me dice
-Tome esto es por la carrera ahora tiene que dejar a mi padre donde lo ha cogido
-Gracias, pero personalmente tengo como norma que no me den dinero antes de
acabar el servicio, mas que nada para evitar problemas.
- No. no, no se preocupe es que a mi padre no se lo puedo dar porque ya le
fallan las facultades mentales y pierde el dinero
- vale pues no se preocupe, ya me encargo yo, es que me había preguntado su
padre que si tenia naranjas y tomates...
- ya le digo, el pobre ya esta mayor
-bueno pues nada, venga hasta luego y gracias
-a dios
La historia era la siguiente, la esposa del anciano le había dicho a el que
fuera a casa de su hija para que le diera tomates y algún melón, que habían
traído del pueblo, ya que ellos tenían una pequeña huerta y cultivaban ellos
mismo
-En fin que le vamos a hacer, gajes del oficio.
(Anécdota verídica). Ximo.
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